Voy a leer 1 libro al día durante 7 días. Día 6

¿Me queda sólo un libro para conseguir el challenge?

Me queda sólo un libro para conseguir el challenge

Hoy es domingo, el día del señor de la procrastrinación. Además, también ha sido mi último día laboral de la temporada. Por este motivo, ya el viernes me organicé en la biblioteca y busqué un libro que fuera cortito pero intenso. Iba a optar por la poesía, pero como soy poco poética, no sabía cómo demonios iba a hacer una reseña, si fundamentalmente, de poesía tampoco tengo mucha idea. Por este motivo me decanté por el por teatro, un clásico que entra siempre muy bien y que a mí me ha dado muchas alegrías a lo largo de mi etapa estudiantil. De hecho, ahora mismo pienso que no sé por qué dejé de leer teatro.

Ciertamente, una persona que ha basado su adolescencia en grandes series y culebrones como Rebelde Way o Pasión de Gavilanes, no puede evitar sentirse muy satisfecha de una manera física y emocional leyendo tragedias.

Día 6. Yerma – Federico García Lorca, 1934. CÁTEDRA Letras Hispánicas. 111 páginas

A estas alturas de la vida, no soy quién para explicar quién era Federico García Lorca ni los highlights de su amplia y amísima obra. En primer lugar, porque soy de todo menos una experta en el tema y en segundo lugar, porque Wikipedia. De García Lorca, recuerdo el instituto y lo muy mucho que disfruté La Casa de Bernarda Alba. Recuerdo que me parecía mágico cómo sabía encapsular en pocas palabras tantos matices, tanta cotidianeidad, tanto simbolismo cultural y social. Esta sensación, que guardaba con cariño, ha vuelto a invadirme página tras página con la lectura de Yerma. Y eso ha sido maravilloso, amigas.

¿De qué va Yerma?

Parece que escojo los libros teniendo en cuenta el SEO y las posibilidades que tengo de enlazar con otros textos, pero nada más lejos de la realidad. Supongo que, de una manera u otra, al final las temáticas que me gustan acaban encontrándome. La historia de Yerma no podía ser menos:

Yerma es una tragedia con un solo tema (la mujer estéril) y un carácter en progresivo desarrollo. A través del largo tiempo dramático, Yerma lucha desesperadamente con su verdad, que cada vez se vuelve más conflictiva y no ceja en ello hasta consumarla.

¿Ahora pillas lo de Yerma?
A mí esta vez me costó menos de lo habitual.

Es más que sabido que a día de hoy las mujeres seguimos luchando contra los imperativos de una sociedad que nos quiere ver procreadoras, cuidadoras y sumisas. En la distopía The Handmade’s Tale de Margaret Atwood vemos esta realidad llevada al extremo. Pero, ¿hasta qué punto algo así no podría pasar? Porque mira los tierraplanistas. Quién te lo iba a decir. Ya empiezo a enlazar cosas. Sigo.

Ser madre: el único fin

Yerma, está casada con Juan, un campesino. Un matrimonio acordado por su padre que a Yerma la hizo más que feliz, pues veía su vida realizada y estaba deseando tener descendencia. Dos años después, no consigue quedarse embarazada. También es un poco normal, si el Juanillo se pasa todo el día en el campo. A Juan no le interesa mucho lo de la descendencia. Al menos, no tanto como el honor de su hogar, que la gente no hable. Este tema del qué dirán Federico García Lorca lo hace muy accurate tanto en Yerma como en La Casa de Bernarda Alba, y yo me muero de vida.

Como me imagino yo a la peña del pueblo de Yerma.

Yerma sufre mucho viendo como otras mujeres se quedan embarazadas y ella no. Se castiga y lamenta, pues ella haría todo lo que haga falta, incluso “clavarse agujas en el sitio más débil de sus ojos”. Yerma está tan obsesionada que empieza a tener alucinaciones. Y a fantasear un poquito con Víctor, un zagal que parece ser por lo visto que le gustaba de verdad cuando era más joven. Más adelante, empieza a entender que la culpa no es suya, que lo más seguro es que sea su marido el que tiene problemas. Que no la cubre como la tiene que cubrir. Curiosamente, el resto de personajes femeninos que aparecen en la obra, intentan hacerle ver que no es para tanto la maternidad, que no te rayes, tía, que hay más cosas más allá del deseo de ser madre. Pero nada. Yerma hasta que no lo consiga no puede vivir.

cuando no existían los reborns

Como te decía, Yerma quiere ser madre, un poco con la misma intensidad con la que más de una mujer hoy en día no quiere serlo. Ambas mujeres sufren la presión de la sociedad, la primera por ser una “mujer seca”, es decir estéril. La segunda, por ser egoísta y no ser capaz de ceder su vida para procrear. Ambas posturas son válidas. Una cosa es tan maravillosa como la otra, siempre y cuando partan del deseo de la mujer y no lo que se espera de ella. Tanto sufren aquellas como María, que intenta regalar su hijo a Yerma, si al final tampoco quería ser madre, como las mujeres como Yerma. Y claro, cómo no vas a sufrir. Pero no te creas que la tragedia de Yerma acaba aquí, medio moribunda y loca. Las mujeres representadas por García Lorca siempre son de alto voltaje.

BYE JUAN

Yerma, incapaz de acostarse con otro hombre en secreto para que le dé descendencia dado su alto sentido del honor y la casta, discute con Juan. Cuando finalmente él le confiesa que nunca ha querido ser padre, ella va y lo mata. Así, sin más. Y con todo el dolor. Dolor porque sabe que matando a Juan está matando la opción de tener lo que siempre ha querido: un hijo. Pero a la vez, también acaba con la presión social a la que se ve sometida, transformándose de mujer estéril a mujer viuda. Con la muerte de Juan se acaban los rumores. Las faltas de autoestima. Las sensaciones de ser “poco mujer”. Con la muerte de Juan empieza otra vida. También difícil, pero nueva.

See yaah
Entonces, ¿qué?

Pues lo que te digo. Qué te voy a decir ya que no sepas. Que Federico García Lorca me gusta mucho. Que en este fragmento en el que María intenta consolar a Yerma, se concentran todos los problemas y las opresiones ante las cuales nos enfrentamos las mujeres a diario:

MARÍA

Dicen que con los hijos se sufre mucho.

YERMA

Mentira. Eso lo dicen las madres débiles, las quejumbrosas. ¿Para qué los tienen? Tener un hijo no es tener un ramo de rosas. Hemos de sufrir para verlos crecer. Yo pienso que se nos va la mitad de nuestra sangre. Pero esto es bueno, sano, hermoso. Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos y cuando no los tienen se les vuelve veneno, como me va a pasar a mí.

Que le tengo mucho cariño a Yerma. Y a María. Y a la vieja. Incluso a las lavanderas. Porque las entiendo. Y creo que es tan fácil entenderlas así, de esta forma, a modo de representación, de espejo. También pienso que es necesario que algo así se siga leyendo en 2017. Y que me parece absurdo ponerle una nota, porque ya todos sabemos que García Lorca fue, es y será top.

Ayer leí La secta de la Tierra Plana de Óscar Alarcia.

 

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