Apegos feroces de Vivian Gornick

Es decir, las cosas siempre acababan mal, pero en la debacle había grandeza. La moraleja de mis historias era precisamente que la vida es trágica. Estar <<en estado de tragedia>> equivalía a salvarse de lo que yo asumía que eran los banales pesares de mi popia vida, a los que no encontraba ningún sentido. Salvarme de aquel sinsentido, presumía yo, lo era todo. La amplitud de sentido era la redención. Eran los inicios de una escritora adolescente: había comenzado a mitificar.

Apegos feroces, Vivian Gornick, editorial SextoPiso

Vivian Gornick. ¿Por dónde empezamos? Aviso YA que esta reseña va a estar sembrada de citas, de párrafos enteros, porque con esta mujer cada palabra es fundamental para entender la profundidad de su pensamiento. Pasado un mes de distanciamiento social y encierro, la buena de Vivian me abofetea con sus Apegos feroces, mostrándome aspectos de mí, de mi condición de mujer y de mi condición de hija que no conocía. Apegos feroces habla de una relación con una madre en el paso del tiempo, pero sobre todo habla de por qué los cambios tardan generaciones en asentarse, de agarrarse a las células extirpando los malos usos y costumbres de civilizaciones anteriores, y por qué es tan fundamental la radicalización y la constante revisión de una misma a lo largo de la vida.

– ¿Dónde está escrito que la hija de una viuda de clase obrera tenga que ir a la facultad? -le preguntó uno de mis tíos un sábado por la mañana mientras se tomaba un café en nuestra cocina durante mi último año de instituto.
– Aquí es donde está escrito -le replicó golpeando fuertemente la mesa con el dedo corazón-. Aquí mismo es donde está escrito. La chica va a la universidad.

Apegos feroces, Vivian Gornick, editorial SextoPiso

Estas memorias se centran en la madre de Gornick, una mujer ya anciana con la que pasea por las calles de Manhattan rememorando tiempos pasados de sus vidas juntas y sobre todo recuperando discusiones que, como los mejores enfrentamientos entre madre e hija, nunca terminan de cicatrizarse. Una madre comprometida, socialista, judía, con un carácter fuerte que carga a sus espaldas una vida que fue la que le tocó vivir, enfrentada en más de alguna ocasión al feminismo rebelde de una hija que se esfuerza por superar el terreno ganado por su madre y que a la vez intenta, con esperado fracaso, hacerla partícipe de la victoria.

Nos rodean cartas y fotografías (la veo con el aspecto que debía de tener la primera vez que las leyó): fragmentos, retales, historias contadas una y otra vez de la vida que fue y de la que no pudo ser. Sobre todo de la que no pudo ser.

Apegos feroces, Vivian Gornick, editorial SextoPiso

Dudo que a cualquiera que sea hija no le resulten familiares esos momentos de dolor e impotencia de una madre que, deseando lo mejor para su hija y queriendo que tenga una vida mejor que ella, se encuentra superada e infravalorada cuando por fin lo consigue, relegándose a la nada. Sufro por Vivian y sufro por su madre, con un pie en el futuro pero atrapada inevitablemente por las cadenas de su pasado, que no la dejan avanzar. Una mujer que, no pudiendo tener la vida que quiso, se empeña en que la tenga su descendencia y a la vez, se defiende a zarpazos de la simpleza con la que oye relatar su vida, enorgulleciéndose de lo que fue, como solo los acomplejados pueden hacer.

Con Joe, por primera vez, sentí la fascinación de no tener que ser una misma: el auténtico alivio. Durante toda mi vida había sospechado que no era lo bastante interesante, ni lo bastante especial ni poseía el talento suficiente para mantener la atención de los que buscaban mi amistad o mi amor. Tenía la capacidad de atraer a la gente, eso es cierto, pero ¿también la de retenerla? Nunca estaba segura. Ahora, al parecer, no necesitaba estarlo. La conexión erótica me concedía un aplazamiento. No me sentía presionada por captar el interés o ganarme el respeto a diario. Las cartas estaban sobre la mesa: podía relajarme.

Apegos Feroces, Vivian Gornick, editorial SextoPiso

Increíble Vivian Gornick narrando sus relaciones y cómo esta nueva mujer con ideales feministas mucho más avanzados que los de su época es incapaz de construir relaciones que la acepten y entiendan plenamente, cayendo ella misma en algunas de las tinieblas que cree haber superado. Porque amiga, date cuenta: estás contaminada por el patriarcado, esto es un hecho, pero también lo es la obligación de evitar cualquier atisbo de culpa cuando caes en sus redes, porque del modo contrario, el patriarcado gana dos veces. No le des el gusto.

Ya no andamos a la gresca. Hemos alcanzado un grado de distancia permanente. Atisbo los placeres del alejamiento. Este pedacito de espacio me proporciona la intermitente pero útil emoción resultante de creer que comienzo y termino en mí misma.

Apegos feroces, Vivian Gornick, editorial SextoPiso

He inhalado cada párrafo de este libro, apegándoseme ferozmente en los bronquios. Si hay algo que tiene el confinamiento es que aviva e intensifica las emociones. Vivian Gornick me ha enseñado más de las batallas cotidianas y de habitarse en un propio cuerpo que cualquier otra autora o autor. Para mí la cotidianidad de sus memorias se ha convertido en la narración de una historia épica porque es real y porque es vida, pura y dura. Nada que ver con la que quieren contar los perez-rabotes, idealizando y herculizando (palabra inventada) grandes ficciones sin pararse a pensar en cuales son los hilos que, escondidos, sostienen y facilitan la vida. Es en ese campo donde las mujeres somos imbatibles. Llevamos toda la vida especializándonos.

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