Devoción de Patti Smith

Como siempre, los mejores libros acaban siendo aquellos que aparecen por casualidad. Me hice con Devoción sin querer. No sabía qué escoger y la portada me llamó. No sabía que Patti Smith escribía. No esperaba absolutamente nada en particular: no tenía expectativas. De él me atrajo la brevedad, tanto del título como de las páginas. A estas alturas estoy llegando a la conclusión de que es tremendamente difícil escribir un libro corto que te deje roto, como cuando haces puenting, que dura menos de 15 segundos, y cuando vuelves a tocar tierra firme no entiendes qué ha pasado. El tiempo que sueles tardar en ponerte unos pantalones y una camiseta convertido en una eternidad. Esa magia la he podido encontrar en Devoción. De una manera totalmente inesperada.

Recuerdo ver el gorro de Voltaire en una vitrina de cristal en algún museo. Un gorro de dormir muy sencillo de raso de color carne. Abrigué un intenso deseo de poseerlo, una extraña fascinación que permaneció, emparejada con la noción supersticiosa de que quien se lo pusiera tal vez pudiese acceder a los restos de los sueños de Voltaire. Todo en francés, por supuesto, todo de su época, y en ese momento se me ocurrió que los soñadores de los distintos momentos de la historia soñaban con los símbolos de su propia época. Los antiguos griegos soñaban con sus dioses. Emily Brontë soñaba con sus páramos. ¿Y Cristo? Tal vez no soñara, aunque conocía todo lo que conlleva soñar, todas las combinaciones posibles, hasta el final de los tiempos.

Devoción de Patti Smith, editorial Lumen

Devoción se divide en tres partes. En la primera, nos movemos con Patti en su vida cotidiana, leemos su diario. Sabemos lo que come, lo que piensa, lo que la asombra, las ideas que aparecen de la nada. Aquellas que mantienen entretenidas tus neuronas mientras estás haciendo otras cosas más rutinarias. Patti Smith se enamora todo el rato de los pequeños detalles. Ella no lo dice, pero se lee.

Alexander yacía desnudo en el colchón. La chica pensó que cuando dormía no se parecía tanto a un dios. Su mente daba vueltas vertiginosas, hacía inventario de todas las cosas que él le había dado, todas las que le había quitado. El hombre abrió los ojos y se la encontró plantada ante él, apuntándole a sus partes. Levantó la mirada medio dormido, con diversión más que con alarma.

Devoción de Patti Smith, editorial Lumen

En la segunda parte, corta pero tremendamente intensa, Patti narra la historia de Eugenia, una niña con atisbos de mujer que solo habla en el idioma de patinaje. Es una historia brutal no solo por su sencillez si no por su extrema delicadeza.

Debemos escribir, embarcándonos en una miríada de esfuerzos, como si domásemos un potrillo obstinado. Debemos escribir, pero con esfuerzos constantes y una pizca de sacrificio: para canalizar el futuro, para revivir la infancia y para poner las riendas a los disparates y los horrores de la imaginación con el fin de ofrecérselos a unos palpitantes lectores.

Devoción de Patti Smith, editorial Lumen

Ya en la tercera parte, Patti Smith nos habla de la escritura, de la urgencia de escribir, de por qué escribimos. He leído a muchos escritores contar por qué escriben. Recuerdo especialmente Mientras escribo, de Stephen King, que me resultó un absoluto genio. Escribir es su ser, su lavarse los dientes o su cortarse las uñas. Sin escritura no hay Stephen King. Con Patti me parece distinto y me siento más cercana a Patti. Patti escribe porque hay cosas que la empujan a hacerlo. Porque tiene que solucionar conflictos de la realidad que solo cobran sentido cuando se reflejan en papel. Patti escribe para ordenar la cabeza.

Ese es el poder decisivo de una obra singular: una llamada a la acción. Y yo, una y otra vez, me lleno del orgullo desmedido de creer que puedo responder a esa llamada. Las palabras que tenía ante mí eran elegantes, despiadadas. Me vibraban las manos. Imbuida de confianza, sentí la urgencia de levantarme de un brinco, subir las escaleras, cerrar la pesada puerta que había sido de Camus, sentarme delante de mi propio taco de folios y empezar mi propio principio. Un acto de sacrilegio inocente.

Devoción de Patti Smith, editorial Lumen

Por último, este es mi párrafo favorito del libro. Porque la entiendo perfectamente. Porque yo también he tenido momentos en los que no podía irme a dormir si no escribía antes lo que me estaba pasando por la cabeza. Porque la inspiración que encienden algunas realidades, entre las que incluyo la Devoción de Patti Smith, solo puede calmarse tomando partido.

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