Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, de Jenny Odell

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Boicotear la economía de la atención retirando de ella nuestra atención es la única acción que podemos permitirnos.

Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, Jenny Odell, editorial Ariel

Quise comprar este libro porque María Sánchez (autora del recomendadísimo Tierra de mujeres) dijo en su perfil de twitter que lo estaba leyendo y un poco también porque salían muchas flores en la portada y tenía la esperanza de que hablara de plantitas. Al final, ha acabado hablando un poquito de todo aquello que me molesta de mi vida y a lo que todavía no le había puesto un nombre.

Ese «afinamiento» algorítmico parecía que me encasillaría paulatinamente como imagen cada vez más estable de lo que me gusta, y de por qué me gusta. Sin duda, es algo que tiene sentido desde el punto de vista del negocio. Cuando el lenguaje de la publicidad y la marca personal te obliga a «ser tú mismo», lo que en realidad quiere decir es que «seas más tú mismo», pero ese «tú mismo» es un patrón coherente y reconocible de hábitos, deseos e impulsos que puede publicitarse más fácilmente, y del que pueden apropiarse más fácilmente, como si se tratara de unidades de capital.

Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, Jenny Odell, editorial Ariel

Siempre he sido una enganchada a todas las redes, pero desactivé mi cuenta de facebook cuando la gente dejó de publicar sus fotos de botellones y empezó a narrarse basándose en sus CVs generosamente ficcionados. Yo, tenía puesto que trabajaba “en tu culo”, y una foto de mi diario de adolescente, en el que me quejaba de la subida de horas de la jornada escolar, encabezaba mi perfil: “Este año pasaré a 1º de E.S.O. y el horario es una mierda. 30h a la semana es mucho. Bueno, creo que me voy; un beso.” Esa niña harta de que decidan sobre su tiempo es la que hoy te recomienda que leas este libro.

Lo práctico de una conectividad sin límites ha eliminado de un plumazo los matices de la conversación cara a cara, llevándose por delante, de paso, gran cantidad de información y de contexto. En ese ciclo infinito en que la comunicación se ve atrofiada y en que el tiempo es dinero, existen pocos momentos para apartarse, y pocas maneras de encontrarnos los unos con los otros.

Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, Jenny Odell, editorial Ariel

Jenny Odell no solo te invita a que te des un paseo, a que te pase el aire por la frente y se te revuelva un poco el pelo. Jenny te dice que te relaciones con tu entorno, que recuperes tu conexión con el exterior, que haya el suficiente silencio en tu cabeza como para que oigas las distintas voces que te gobiernan y hagas caso solo a las que miran por tu bien. Es una invitación a perderse.

Uno de los principales argumentos que he intentado demostrar en este libro —el de que el pensamiento y el diálogo se apoyan en el tiempo y el espacio físicos— implica que la política de la tecnología está tercamente entrelazada con la política del espacio público y del medio ambiente. Ese nudo solo se aflojará si empezamos a pensar no solo en los efectos de la economía de la atención, sino también en la manera en que esos efectos se despliegan por otros campos de la desigualdad.

Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, Jenny Odell, editorial Ariel

Reconociendo tu contexto también recuperarás tu percepción del tiempo, no lo olvides: tu única moneda de cambio en este mundo. Entonces, te darás cuenta de que tu tiempo libre sigue estando manchado de productividad, incluso aquel que dedicas a compartir en redes. ¿Por qué no vemos en Trends a la gente limpiando el inodoro con la vaporeta que le acaba de regalar su madre? En primer lugar, porque no todo el mundo tiene una madre como la mía. En segundo lugar, porque no buscas trabajo como limpiador/a aunque los absolutamente mejores vídeos de youtube sean precisamente aquellos que te explican como limpiar la mierda de tu casa. Tu objetivo, a veces inconsciente, es compartir contenido que haga creer que tienes quien limpia por ti. Es la mímica social, el compartir aquello que vemos que funciona, el emprendimiento de centimillos que van a parar a la caja intangible de tu proyección pública. Porque euros por compartir tu cena, Jose Luis, no ves ni uno. Y las empresas de RRSS se forran con esa debilidad que tienes: la de necesitar parecer buena persona para que te sigan pagando la nómina o para que, el día de mañana, si te quedas sin curro, alguno de tus followers se acuerde de ti.

Gracias a Jenny he salido de la rueda de twitter e instagram (solo entro en el perfil del blog para compartir las publicaciones), espero que para un rato largo. Aunque ella no lo sugiera expresamente porque sabe que no todo el mundo se lo puede permitir. Si bien yo no solía compartir contenido que me hiciera empleable, sí notaba que nunca salía mejor de como entraba. Que siempre me iba con cierto grado de insatisfacción: porque veía algo que me había molestado y se quedaba atascado en mi cabeza, o porque no veía nada interesante y, cual rata, seguía actualizando en busca de algo que mereciera la pena. El aburrimiento no debería satisfacerse así. Solo cuando el horizonte está despejado somos capaces de imaginar nuevas rutas que nos conduzcan a lugares mejores. La saturación solo genera parches. Estar cansada también cansa.

En definitiva, sé que apenas he hablado del libro, pero en realidad no he dejado de hacerlo. Leer Cómo no hacer nada: Resistirse a la economía de la atención, es como volver a la niñez, como sentarse en uno de los coches teledirigidos de Jurassic Park. Mucho menos terrorífico, claro, pero igualmente asombroso. Invita no solo a recuperar el poder sobre nuestra atención si no a convertirla en algo colectivo, a observar juntos, a soñar juntos, a crear, no solo en lo teórico si no también en lo físico, juntos.

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