Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano

Si quisieras percibirlo, notarías que está nervioso, pero no quieres o no puedes, porque te han dicho que los chicos saben lo que hay que hacer durante el sexo. El sexo es algo que ellos hacen; a ti, te sucede. La primera vez duele, la primera vez gusta, la primera vez es rara. No hay nada que tú puedas hacer para intervenir.

Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano, editorial Sexto Piso

Un post de Instagram que ahora no recuerdo me empujó a hacerme con esta novela. Quizá fue porque su autora, Marta Jiménez Serrano, nació en 1990. Para mí es un dato fuertecito porque todavía no supero que los futbolistas sean más jóvenes que yo. Solo son dos años los que me alejan de ella, pero yo que sé. Me siento mayor. Pero dejemos de nombrarme.

Los nombres propios, ¿por dónde empiezo? En primer lugar, me parece una primera obra bastante interesante. La sensibilidad con la que Marta Jiménez Serrano narra el hacerse mayor de Marta, la protagonista, es destacable. Y a ratos, incluso incómoda. No sé si es porque tres cuartas partes están escritas en segunda persona del singular, ya que quien nos narra la historia es Belaundia Fu, la amiga imaginaria de la Marta chiquitita, y eso hace que me meta demasiado, que la línea entre Marta y yo se difumine, que parezca que Belaundia Fu me esté hablando a mí. Y no sería honesto por mi parte obviar que en ocasiones me he sentido un poco atacada, demasiado personal.

La piel: un nombre único para la continuidad, para el antídoto de tu ansiedad. Lo contrario del espacio y el tiempo es la piel. Acariciar te gusta porque no se termina. Te relaja porque está fuera de la línea del tiempo. Y te roba la ansiedad porque te ofrece algo que hacer con las manos. Pero eso es dentro de algunos años. El tiempo es secuencial. Tú ahora no acaricias a nadie.

Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano, editorial Sexto Piso

Y sin embargo, me encanta el ejercicio que Marta Jiménez Serrano hace cuando va a lo más específico, a lo más concreto. Me encanta cuando define la piel por lo que conmueve y no por lo que significa. También me gusta como al principio, cuando trata la infancia de Marta, todo parece lento y estático y como lo despega luego en la adolescencia, como confeti, al ritmo de la explosión de hormonas.

El cuello: eso que te conecta la cabeza y las vísceras, eso que te las desconecta. El puente entre la cabeza y el resto del cuerpo. A veces sientes cómo pasa el aire por el cuello, el pecho se abre y las palabras caen hasta el ombligo.

Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano, editorial Sexto Piso

Marta, la protagonista, lo siente todo, lo pasa todo, lo vive todo, un poco como todas. Y Marta, la autora, nos permite ponernos en su piel, sentir su ansiedad y sus preocupaciones, compartimentarnos para después combinarnos. Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano es la materialización de los suspiros a los que no sabemos poner nombre.

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